'Nacido para correr'. Así terminó antes de los bises.
Pues resulta que me planté en Sevilla, con la fresquita, para ver al 'Boss'. Cuando compré la entrada hace meses imaginaba que estaría de vacaciones. Pero no pudo ser. Tuvimos que irnos después de comer, dejando todo el tajo terminado, y volvernos justo después del concierto para llegar a tiempo de dormir 3 horas antes de iniciar el tajo del día siguiente. Un palizón, oiga... un calor que te morías, mire usted... pero mereció la pena.
Bruce Springsteen, a punto de cumplir los 60, se lo curró durante más de 3 horas en las que tuvo a todo un Estadio Olímpico dando saltos sin parar. Veinteañeras escasas, treintañeros entregados, cuarentonas enloquecidas, cincuentones pletóricos y de 60 para arriba hay que decir que había más sobre el escenario que entre el público.
Todo un lujo disfrutar del 'Boss' en su salsa y de una E Street Band que funciona como la maquinaria de un reloj. Y ello con la música como absoluta protagonista, pues resultó sobrio pero grandioso, sin alardes ni juguetitos mecánicos y luminosos que distrajeran. Rock en estado puro. Y es que, con Bruce Springsteen en cartel no se va a ver un espectáculo, se va a ver un concierto. Se trata de ver música, si me permiten la expresión.
Nuevamente me llevé la 'camarilla de verano' para traerme un recuerdo y compartirlo con los peatones de la Calle del Ángel. Poca cosa, pero ahí queda.